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In this issue - August 27, 2010
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The Year for Priests
El Año Sacerdotal
The blessing of our consecrated Sisters
La bendición de nuestras hermanas consagradas
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La bendicion del trabajo

El mes de Septiembre es el final del verano y el principio del otoño. Las vacaciones de verano terminan y empezamos un nuevo año escolar.

Empezamos siempre con la celebración del Dia del Trabajo  — Labor Day — Una tradición que ha sido celebrado en el primer lunes de septiembre desde 1880, pero fue oficialmente establecido por el Presidente Grover Cleveland después de la muerte de varios trabajadores que han sido

asesinados en 1894 durante una protesta llamada La Huelga Pullman.
El día del trabajo es una ocasión especial para agradecer a Dios por el don del trabajo y para rezar por la recuperación económica de nuestro país. Sin duda que estamos pasando tiempos difíciles y que muchos de nuestros hermanos y hermanas están sufriendo a consecuencia de la crisis económica global.

Los tiempos que estamos viviendo nos dan una nueva perspectiva para valorar la belleza del trabajo como participación en la obra de la creación y como una bendición y derecho que todos los seres humanos tenemos. 

Para entender mejor la importancia del trabajo para la persona humana, necesitamos reflexionar en el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo. Los evangelios nos dices que Jesús trabajo la mayor parte de su edad adulta — hasta casi los 30 años- como carpintero, siguiendo el ejemplo de su ‘padre’ en la tierra, San José.

De verdad podemos decir que Jesús, que trabajo con las manos y amo con un corazón humano, vino a darnos a todos, la gracia de poder buscar la santidad, no ‘a pesar de’ o ‘separada de’ nuestro trabajo, sino en nuestro trabajo y a través de nuestro trabajo.

Por este motivo, la Iglesia Católica tiene mucho que decir sobre la dignidad del trabajo. No es una exageración decir que La Iglesia Católica es la primera institución en la historia de la humanidad que ha resaltado la dignidad del trabajo. También es verdad que no hay ningún otro libro sagrado que tenga mas que decir sobre el trabajo que la Biblia.

Entre los muchos aspectos de la espiritualidad del trabajo sobre los que podemos reflexionar estos días existen dos que es importante no olvidar: el trabajo tiene que convertirse en oración y el último motivo del trabajo es el amor a Dios y a los demás.

La espiritualidad Católica del trabajo nos descubre que el trabajo se hace siempre en la presencia de Dios y que debemos trabajar con espíritu sobrenatural y de servicio. La espiritualidad del trabajo también nos pide que trabajemos con espíritu de oración. 

De esta manera nuestro trabajo es mucho mas que un simple medio para una cosa noble. Nuestro trabajo se convierte en un acto de adoración, de amor a Dios. Un medio para dar gloria y agradecimiento a Dios. “Todo lo que hagan, nos dice San Pablo, háganlo para la gloria de Dios”. (1 Cor 10:31)

En este Año del Sacerdocio, el Día del Trabajo se celebra dos días antes de la fiesta de un ejemplar sacerdote, San Pedro Claver (9 de septiembre,)  un jesuita español que desarrolló su ministerio pastoral en Cartagena (Colombia) a principios del siglo XVII.

Pedro Claver se sintió conmovido por la situación de los más de mil esclavos que cada mes llegaban a esta ciudad para ser distribuidos por América del Sur.

Con gran valentía y extraordinaria humildad, Pedro Claver dedicó  44 años de su vida a atender espiritual y materialmente a los esclavos y a luchar por su libertad hasta su muerte.

Él los defendió, les mostró compasión, los cuidó en sus enfermedades, y ganó su confianza. Luego, preparó intérpretes para que sean catequistas, para que enseñaran la fe a los esclavos en sus diferentes idiomas.

Su trabajo fue un servicio, una labor de amor. San Pedro fue canonizado en 1888 por el Papa León XIII, el mismo que escribió la primera encíclica social sobre la dignidad del trabajo en las enseñanzas de la Iglesia Católica.

Por la intercesión de este santo sacerdote que se dedicó a la defensa de los derechos de los esclavos, pidamos al Señor que nos ayude a cada uno de nosotros, desde nuestra situación específica, a promover una sociedad más justa, digna y reconciliada, donde la vida de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, sea protegida no sólo por las leyes, sino por las prácticas laborales de todos aquellos que tienen alguna capacidad de decisión e influencia en nuestra sociedad.

Pido para que Dios Nuestro Señor haga exitoso el trabajo de nuestras manos, corazones y mentes y para que a través del trabajo demos gloria a Dios y crezcamos en santidad y ayudemos a los demás a buscar la santidad.

 



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