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In this issue - August 27, 2010
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The Year for Priests
El Año Sacerdotal
The blessing of our consecrated Sisters
La bendición de nuestras hermanas consagradas
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Educar con amor en tiempos difíciles

En estos días, muchas familias y comunidades están aprestándose para ese momento especial que todos los años acontece, que es el comienzo del año escolar.

En la Arquidiócesis de San Antonio, tenemos la bendición de abrir dos nuevas escuelas católicas este año: una preparatoria en New Braunfels, la cual bendeciré el 12 de septiembre, y que lleva el nombre de “John Paul II High School”, y una escuela primaria en Pleasanton, que se llamará “Our Lady of Grace Academy.”

El retorno a clases siempre es un momento marcado por la alegría y algo de ansiedad, casi siempre para los estudiantes, especialmente aquellos que ingresan a un nuevo nivel educativo; y siempre para los padres, que saben que una buena educación es uno de los mejores tesoros que pueden dejar en herencia.

Este año, sin embargo, en muchos lugares de nuestro país, el retorno a clases se ha visto afectado por el “economic downturn”: no pocas escuelas públicas han visto sus presupuestos disminuidos, y en el mundo católico, varias escuelas han debido ser cerradas o consolidadas por el bajo reclutamiento o la escasez de recursos de las parroquias o las diócesis para poder mantenerlas operativas.

La iglesia siempre, y especialmente en nuestro país, ha visto en la educación una tarea primordial, parte importante de su misión. En la Declaración sobre la Educación Cristiana de los documentos del Vaticano II, leemos que “el deber de la educación corresponde a la iglesia no sólo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atención constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida”.

Esta es la razón por la cual la iglesia en cada diócesis de nues- tro país intenta proporcionar la mejor educación posible en conocimiento y valores no sólo a los católicos, sino también a todos los que desean libremente recibir esta educación.

Y esta es también la razón por la cual los ciudadanos, la iglesia y las autoridades locales o fe- derales, deberíamos encontrar formas creativas de ofrecerle a los padres de bajos recursos la posibilidad de escoger entre diversas opciones educativas, de tal manera que ningún estudiante sea dejado atrás simplemente porque sus padres no cuentan con los medios para permitirles acceder a una educación mejor.
 
Cualquier fórmula que ayude a darle opciones a los estudiantes y a fortalecer las instituciones educativas que realizan un buen servicio a la comunidad, es un buen acuerdo.

En San Antonio, donde como todo el país, hemos sufrido el impacto de la crisis económica, nuestra comunidad católica sigue comprometida con la mi- sión de proporcionar una sólida y accesible educación a través de las escuelas católicas.

Y estamos poniendo todos los medios para que nuestras escuelas no sólo sigan abiertas, sino que sigan mejorando tanto en la calidad de la educación, la fidelidad al Evangelio y la acogida de todos aquellos deseosos de aprender.

Es una verdadera bendición para todos nosotros, en medio de las dificultades por la que atraviesa la economía, y que definitivamente afectan a algunas de nuestras escuelas católicas, que surjan en nuestra arquidiócesis estos dos nuevos proyectos educativos.

Se trata no sólo de un signo del compromiso de la comunidad católica con la tarea de seguir educando, sino de un símbolo de cómo el Señor mismo nos asistirá con su gracia, si realizamos un esfuerzo sincero, que involucre a toda la comunidad y especialmente a los padres católicos, por cumplir con esta misión fundamental para nuestra iglesia y para nuestra sociedad, de proporcionar una educación católica cada vez mejor.

Pidamos por todos los alumnos que vuelven a clase estos días, y de manera especial, oremos por un presente sólido y un futuro promisorio para la educación católica en todos los niveles en nuestra arquidiócesis y nuestro país.

 



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