Los tiempos que estamos viviendo son de una crisis económica seria. La economía del país pasa por una recesión grave y todos hemos sentido las consecuencias de esta situación.
Al inicio del nuevo año todos tenemos la esperanza de que las cosas mejoraran y no faltaran las bendiciones de Dios en lo personal, familiar y en lo social.
A pesar de lo grave de la situación, me alegra compartir con ustedes que la colecta del Arzobispo del 2009 has sido todo un éxito. Puedo decir con certeza que los fieles de la Arquidiócesis de San Antonio, en la tradición apostólica de la Iglesia Católica, entienden y viven la llamada a compartir con los demás que, sin duda, es un aspecto importante de nuestra fe.
Una vez más somos testigos de la generosidad de los fieles de la arquidiócesis.
San Antonio es un lugar donde la fe se convierte en gestos de solidaridad afectiva y efectiva. Los fieles siempre han sabido salir al encuentro de las necesidades de los sufrientes. En cada desastre, desde Katrina hasta la reciente tragedia en Haití, los fieles siempre han respondido, aún en tiempos difíciles para la economía familiar.
Pero la generosidad no sólo ha respondido a las emergencias; sino también a necesidades de la arquidiócesis, como los proyectos para la construcción de parroquias, la ampliación de nuestro Seminario de la Asunción, y muchas otras campañas importantes para asegurar el futuro de la fe en nuestra arquidiócesis.
Cuando los proyectos no son urgentes, pero sí necesarios, es cuando se demuestra aún más la generosidad de los fieles; y donde comprendemos el profundo sentido espiritual de la corresponsabilidad.
En efecto, mediante la contribución material, los católicos no sólo cumplimos con uno de los preceptos de la iglesia, sino que nos comprometemos y amamos más a nuestra iglesia, porque participamos activamente en ayudarla a seguir adelante con su misión evangelizadora.
La corresponsabilidad propicia en nosotros un cambio de mentalidad que nos permite descubrirnos como miembro activo de la iglesia y responsable de su misión.
San Pablo, en diversos pasajes de sus cartas elogia la virtud de la generosidad de los creyentes. En primer lugar, nos recuerda que “hay mayor alegría en dar que en recibir”. (Hch 20:35)
El mismo apóstol luego elogia a los fieles de la entonces pobre comunidad de Macedonia, porque “aunque probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad. Porque atestiguo que según sus posibilidades, y aun sobre sus posibilidades, espontáneamente nos pedían con mucha insistencia la gracia de participar en el servicio (las donaciones) en bien de los santos”. (2 Cor 8:1-4)
San Pablo se alegraba no tanto por la suma recaudada entre aquellos fieles pobres y sin recursos. Se alegraba porque “espontáneamente pedían con mucha insistencia” poder participar de las colectas que el Santo organizaba a favor de otras comunidades aún más pobres o perseguidas.
Al comenzar una nueva campaña de la Colecta del Arzobispo, no sólo quiero recordar las numerosas necesidades de nuestra iglesia, así como la importancia de muchos proyectos dirigidos a garantizar la supervivencia de nuestra fe en las futuras generaciones. Quiero sobre todo recordar la gran generosidad de los fieles de San Antonio, que me llenan constantemente de admiración.
Una vez más, como San Pablo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, les pido su generosidad ejemplar para que juntos seamos una familia en la fe, y podamos continuar nuestra misión de evangelización y servicio social en la Arquidiócesis de San Antonio.
Y a la vez que adelanto de corazón las gracias por las muestras de su alegría en el dar, rezo de todo corazón al Señor y a nuestra Madre Santísima de Guadalupe para que “cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues Dios ama al que da con alegría”. (2 Cor 9:7)