Today's CatholicToday's Catholic
Home | About Us | Subscribe | Advertise | SA Archdiocese
Home
In this issue - March 12, 2010
Columnists
Youth
Young Adult
Calendars
Español
Archives
La generosidad de los fieles de San Antonio
La paz es posible, la paz es necesaria
Una peregrinación de amor a Haití
Photo Galleries

La paz es posible, la paz es necesaria

El primer día del año nuevo, en la Solemnidad de la Maternidad de María, la Madre de Dios, estamos llamados a reflexionar en Jesús como el Príncipe de la Paz, porque el día primero de Enero es el Día Mundial de la Paz.

Pedimos por la paz en el mundo de manera especial en este día, a través de la intercesión de María, Reina de la Paz, porque tristemente continuamos experimentando el horror de la guerra y el temor del terrorismo. Nuestro mundo sufre por los conflictos y las disensiones globales.

Esperamos que en el año nuevo se encuentren soluciones para los conflictos entre las naciones y el final del uso de la violencia para resolver los problemas entre los pueblos. El Papa Juan Pablo II dijo hace años: “La iglesia… ha enseñado siempre y sigue enseñando una evidencia muy sencilla: la paz es posible. Más aún, la iglesia no se cansa de repetir: la paz es necesaria. Ésta se ha de construir sobre las cuatro bases indicadas por el Beato Juan XXIII en la Encíclica Pacem in Terris: la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Se impone, pues, un deber a todos los amantes de la paz: educar a las nuevas generaciones en estos ideales, para preparar una era mejor para toda la humanidad”. (Juan Pablo II, 1/1/04)

Empezamos el año nuevo con esperanza y optimismo, con la seguridad de que Dios nos concederá muchas gracias a lo largo del año. Nuestra oración se alimenta del certeza de que Dios está con nosotros y que quiere la paz para todos.

No olvidemos que Jesús vino para traer la paz al mundo y que somos hijos de Dios, pero para que la gracia sea efectiva, necesitamos abrir nuestros corazones a Dios y aceptarlo libremente en nuestras vidas. Dios quiere que ejercitemos nuestra libertad y le digamos “sí”. Durante las Navidades contemplamos el claro ejemplo de quien dice “sí” a la voluntad de Dios.

A María, Nuestra Madre Santísima, se le pidió que fuera la Madre de Jesús, Perfecto Dios y perfecto hombre, y dijo que “sí”. A San José se le pidió que fuera el padre adoptivo de Jesús y dijo que “sí”.

Los pastores escucharon y recibieron la ‘buena nueva’ de parte del ángel y fueron de prisa a Belén. También tenemos el ejemplo de los Magos que vieron la estrella y viajaron hasta Judea para adorar al ‘recién nacido’ y traerle sus regalos.

Es lógico que, al empezar el año nuevo, busquemos la ayuda de nuestra Madre, María, para que digamos “sí” a Dios. Para buscarlo en nuestra vida diaria y para estar más atentos a las necesidades de la iglesia. Como modelo de discipulado para todos, María nos recuerda una y otra vez que estamos llamados a la santidad en el Señor.

Como sabemos, la vida de María está orientada hacia Jesús. Podemos decir que el sentido de su vida es Jesús. Ella tuvo fe, creyó y se comprometió a seguir a Jesús. Ella que es nuestra Madre Santísima, es madre y modelo para nosotros. Se hace cargo de nuestras necesidades y nos lleva a Jesús, su divino hijo.

La devoción a María nos debe ayudar a empezar el año nuevo con un nuevo deseo de estar más conscientes del amor de Dios por nosotros y acudir a su intercesión para que Dios nos conceda la fortaleza para corresponder con más generosidad, practicando la caridad y siendo hombres y mujeres de paz.

El Papa Benedicto XVI nos ha pedido que continuemos ayudando a los demás en estos tiempos difíciles: “Deseo animar a todos a continuar en el empeño de aliviar las dificultades en las cuales se encuentran ahora tantas familias probadas por la crisis económica y el desempleo”. (Papa Benedicto XVI, 31/12/09) Esto también trae la paz a los corazones de aquellos que están afligidos.

Sabemos que la paz no es fácil. No es fácil, pero es posible, en especial si contamos con la intercesión de María, Nuestra Madre Santísima.

Por tanto, nuestros propósitos deben ser, rezar por la paz, seguir tratando de aprender a amar a Dios y a los demás de verdad y la devoción a María, la Madre de Dios y nuestra madre.

Que María, Reina de la Paz, interceda por nosotros para que Jesús, Príncipe de la Paz, nos conceda a cada uno y a nuestras familias una paz duradera para nuestro país y para el mundo entero al inicio de la segunda década del siglo 21.

Adaptada de la Homilía dada en la Catedral de San Fernando el día 1° de enero de 2010.

 



Print this page