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In this issue - March 12, 2010
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Un propósito de año nuevo

El nuevo año es un tiempo lleno de esperanza y muy apropiado para recomenzar.

Con seguridad los problemas del año pasado no van a desaparecer. Pero podemos ver las cosas con una nueva luz en estos hermosos días que siguen a la Navidad — cuando una vez más hemos renovado nuestra fe en el Dios que se hizo uno con nosotros, quien ha compartido los gozos, preocupaciones y ansiedades de nuestra humanidad. Podemos acercarnos a nuestros problemas con la esperanza que viene de saber que Dios, en su misericordiosa ternura, está siempre con nosotros.

Tenemos que enfrentar muchos desafíos al empezar el nuevo año. Es urgente una reforma de las leyes de inmigración para que haya justicia para las mi-llones de personas que viven con miedo y sin derechos o dignidad. Pienso también en el tema de la vida — en la posibilidad del Acta de Libertad de Elección (Freedom of Choice Act-FOCA) en el Congreso, y el hecho de que ahora hay dos estados en el país, Oregon y Washington, donde los doctores están obligados a ayudar a los pacientes que quieran suicidarse.

Pero hay otro problema que me preocupa desde hace tiempo. ¿Cómo puede ser que siga habiendo pobreza en esta tierra de la abundancia? Este tema ha sido puesto un poco de lado por la preocupación ante la crisis financiera y la inestabilidad de la economía mundial. Irónicamente, uno de los efectos de la crisis actual ha sido que las personas de las clases altas y medias han experimentado las mismas necesidades, miedos y desesperación que los pobres sienten todo el tiempo — en las épocas de buena o mala economía.

Nada de esto es bueno. Pero mi punto está en que incluso cuando “arreglemos” lo que los expertos dicen que está descompuesto en nuestra economía y la gente vuelva a trabajar, todavía tendremos que enfrentar el hecho de que demasiados americanos viven en lo que parece ser una sub-clase permanente. Están atrapados en empleos donde reciben bajos salarios y no tienen posibilidad de crecer, viven en vecindarios con un alto número de crímenes, escuelas inadecuadas, y oportunidades sociales y culturales limitadas. 

El Papa Benedicto XVI menciona un tema importante en su mensaje para la celebración del Día Mundial de la Paz. Dice que con frecuencia nos preocupamos con los temas “técnicos” de la pobreza — determinar estructuras regulatorias y los canales de distribución de ayuda.

Nos podemos olvidar que la pobreza es siempre local y es siempre personal. No se trata solamente de programas, de “niveles de asistencia”, o medidas estadísticas. La pobreza siempre tiene un rostro. Es el rostro de sus amigos y de los míos, de  nuestros familiares y vecinos. 

Y si la pobreza es siempre personal, nuestra manera de enfrentar el problema como cristianos debe ser personal también.

Recientemente me reuní con algunos líderes locales para hablar sobre la situación aquí en San Antonio. Es verdad que nuestra región no ha sufrido las peores manifestaciones de la crisis — por lo menos hasta ahora.

Pero aun así tenemos que enfrentar realidades preocupantes. Nuestra ciudad y nuestra región están cada vez más divididas en términos de riqueza, y la separación entre los que tienen y los que no tienen se hace cada vez más grande.

También me preocupa el sentimiento de resignación que se nota entre nuestros hermanos más pobres. Se perciben señales de que algunos de nuestros hermanos y hermanas sienten que las cosas han estado mal por tanto tiempo que no hay manera de que lleguen a mejorar.

Se hace evidente en el área de la educación. Los números de aquellos que dejan la escuela antes de terminar sus estudios es alarmante, y en general, parece haber poca apreciación del valor de la educación superior. Esto es un error trágico y una peligrosa amenaza.

Los expertos nos han dicho, una y otra vez, que la educación es el motor seguro de oportunidad económica y de crecimiento. Lo cual es todavía más claro en la economía global. Limitarse a tener un diploma de la escuela secundaria, o aun peor, desertar antes de conseguir un diploma, significa resignarse a tener un trabajo de salario mínimo y sin posibilidad de progreso económico.

En el año que comienza, tengo el propósito de seguir trabajando con líderes locales para estudiar este tema tan importante y buscar soluciones prácticas para resolverlo. Podemos hacer muchísimo como comunidad Católica con los recursos que tenemos: escuelas y universidades Católicas, parroquias y programas de ayuda social.

Espero seguir escribiendo y hablando sobre este tema en el año que comienza. Los invito a rezar conmigo para que tengamos un gran espíritu de solidaridad y que nuestros corazones estén aun más abiertos a las necesidades de los pobres que están siempre con nosotros y que necesitan de nuestro amor y amistad.

 



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