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Column by Archbishop Gustavo García-Siller
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La iglesia, la ley y la inmigración

Por varios años los obispos católicos de EE.UU. han abogado por una reforma de las leyes migratorias de EE.UU. El asunto de la reforma migratoria ha visto momentos de intensa atención, y momentos de menos interés, en estos años. Al ganar más interés en los últimos meses, especialmente con la nueva ley en Arizona y las reacciones de la administración del presidente, quisiera recordarles de algunos principios en cuanto a la voz de la iglesia en cuanto a este tema.

¿Cuál es la autoridad de la iglesia en cuanto al tema migratorio?

Algunos, incluyendo un número de católicos, preguntan por qué hablamos los obispos u oficiales católicos sobre el tema ya que es un tema político y legal. Sí, es un tema político y legal, pero también es un asunto moral — ya que afecta a las familias y a los individuos, su trato, y su posible separación. La competencia de los obispos, como maestros y pastores, es sobre la fe y la moral. Así que nos corresponde, en cuanto sea tema moral. ¿A quién dirigen sus enseñanzas los obispos? Nosotros los obispos nos dirigimos a nuestro rebaño, para que los católicos puedan ser informados de principios católicos y sus consciencias formadas según esos principios. Nos dirigimos, además, a los legisladores y demás personas interesadas, presentando principios humanos y religiosos, y su lógica.

¿Rechaza la Iglesia la ley civil?

No. Como miembros de la sociedad en la cual vivimos, respetamos y obedecemos las leyes civiles. Una excepción a este principio sucede cuando la ley civil no esté en conforme a la ley natural, es decir, la huella de la ley divina en la creación. Porque la ley civil se forma por medio de esfuerzos humanos, a veces puede contener errores — a veces errores trágicos. Un ejemplo de una ley trágicamente errónea es la Roe v. Wade, la ley que en 1973 legalizó el aborto en EE.UU. Es una ley errónea porque no reconoce la humanidad ni respeta la vida del niño (no importe lo pequeño que sea) que vive en la vientre de su madre. En su enciclica Dios es Amor, el Papa Benedicto XVI dice que “(la) iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. (No. 28a)

¿Por qué no simplemente mantener las leyes migratorias que ya existen?

Los obispos hemos abogado por una reforma comprensiva de las leyes migratorias porque hemos visto que el sistema migratorio es moralmente injusto — no sólo en cuanto al mantenimiento de la ley, sino en el mismo contenido de la ley. El mantener simplemente la ley como existe ahora separaría las familias, en muchos casos, hijos de sus padres. El mantener simplemente la ley como existe no tomaría en cuenta la necesidad en temporadas de trabajadores para mantener nuestra economía nacional. El mantener simple y sencillamente la ley que existe no reconocería las contribuciones de los inmigrantes (aún los indocumentados) para mantener y superar las comodidades que gozamos en este país.

¿Cuáles son los temas morales en el debate migratorio?

En breve, el trato de los inmigrantes y la separación de las familias. Inmigrantes, aún los que han roto la ley, deben ser tratados de manera que reconozca su dignidad humana. La familia es la base fundamental de toda sociedad humana, y la desintegración y separación de familias es una tragedia — y trae desorden personal, familiar y social en el futuro. La ley debería favorecer el mantener las familias unidas.

¿Cuáles son las propuestas de los obispos para la
reforma migratoria?

En breve hemos abogado por una reforma comprensiva — una que incluya asegurar las fronteras, favorecer la unidad de las familias y el reconocimiento de las contribuciones de los inmigrantes (aún los indocumentados) a la sociedad estadounidense. El Obispo Gerald Kicanas, de Tucson, Arizona, recientemente dio un testimonio al Congreso. En su recomendacione para una reforma migratoria, propone lo siguiente:

1) la posibilidad de ganarse la ciudadanía;
2) un programa de visa para trabajadores;
3) reforma de la inmigración de familias, favoreciendo la unidad;
4) restauración de un proceso justo para inmigrantes;
5) política que toque las causas de fondo de la migración.

Les animo a leer el testimonio del Obispo Kicanas, y los artículos de otros obispos, en el sitio de los obispos justforimmigrants.org.

 



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