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In this Issue - August 15, 2008
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'I've never stolen from anyone'
'Nunca he robado a nadie'
El increíble regalo del Padrenuestro
Make the year of St. Paul one of renewal
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Que el año de San Pablo sea un año de renovación

Este mes de junio damos inicio a un año jubilar muy especial en el mundo católico, se trata del año de San Pablo! Fue declarado así por Su Santidad el Papa Benedicto XVI, para conmemorar el segundo milenio del nacimiento del apóstol, quien nació entre los años 7 y 10 A.C.

Todos conocemos la dramática historia de San Pablo, la recordamos cada año en la liturgia dominical durante el tiempo Pascual.

Es una gran historia de redención que casi podría leerse como una de las parábolas de nuestro Señor.
Pablo era un fariseo con un alto nivel de educación, alumno del estimado Gamali-el, el Anciano. (Gal 1:14) Su celo por su religión lo llevó a tener un destacado rol en la persecución de la Iglesia primitiva.

Aun resulta escalofriante leer la historia del martirio de San Esteban: “Lo sacaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearlo. Los falsos testigos depositaron sus mantos a los pies de un joven, llamado Saulo”. (Hechos 7:58)

Esta es la primera aparición de Pablo en las Escrituras. A primera vista es un personaje aterrador. Se lo describe como “devastando la Iglesia”, yendo de puerta en puerta, incautando cristianos y trasladándolos a la cárcel, “amenazando todavía de muerte a los discípulos del Señor”. (Hechos 9:1) Pero cuando se encuentra con Jesús en el camino hacia Damasco, su vida cambia completamente y para siempre.

Y es este mi deseo para este Año Paulino. Que cada uno de nosotros aproveche este año tan especial para profundizar nuestro encuentro personal con Cristo.

Como decía el Papa Benedicto, la experiencia de San Pablo nos enseña que “lo que cuenta es poner a Jesucristo en el centro de nuestras vidas, de manera que nuestra identidad se vea marcada esencialmente por este encuentro, por la comunión con Cristo y su palabra. A su luz, todo valor se recupera y se purifica de la posible escoria”.

Pablo nos enseñó que en Cristo somos hechos hijos e hijas de Dios, herederos de la promesa de la vida eterna.
Esto debería cambiar todo para nosotros. La pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos es: ¿Estamos viviendo como hijos de Dios, constantemente conscientes de la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas?
En el bautismo nos convertimos en “una nueva creación”, (2 Cor 5:17) como nos reveló el mismo Pablo. ¡Es tiempo de vivir así, queridos amigos!

Hagamos nuevos planes para encontrarnos con Jesús cada día de este año especial. No tienen que ser grandes planes, o un compromiso que no podamos mantener.

Pero todos nosotros podemos darnos un poco más de tiempo para Jesús en medio las ocupaciones de cada día.
He aquí una buena manera de empezar: comprométanse a leer cada día unos cuantos versículos de los Evangelios, y un versículo o dos de las cartas de San Pablo. Empiecen por el Evangelio según San Marcos y la Carta de San Pablo a los Filipenses. Traten de pasar un poco de tiempo a la semana en oración frente al Santísimo Sacramento, quizás llegando un poco más temprano a Misa.

Otra parte muy especial de este año jubilar será la posibilidad de recibir indulgencias plenarias, un regalo que nos es dado por el Santo Padre, para que de esta manera los fieles puedan alcanzar “tesoros espirituales para su propia santificación”, en honor a San Pablo. Una indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal debida a los pecados cuya culpa ha sido ya perdonada previamente”.

Durante el Año Paulino, las indulgencias plenarias serán concedidas a aquellos que visiten la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, pero además se podrán obtener en las distintas diócesis, en los lugares que asigne el obispo del lugar. En el caso de la Arquidiócesis de San Antonio, he determinado que sean los siguientes lugares: la Catedral de San Fernando, la parroquia San Pablo en San Antonio, y la parroquia San Pedro y San Pablo en New Braunfels, en donde se concederán las indulgencias desde el 28 de junio del 2008 hasta el 29 de junio del 2009.

También pueden obtener indulgencias plenarias aquellos que participen de las celebraciones en los días de la solemne apertura y clausura del Año Paulino en cualquier lugar de adoración.

Una indulgencia plenaria puede ser obtenida solamente una vez al día, a favor nuestro o de los fieles difuntos, y es necesario que estemos en estado de gracia.

Además, es necesario cumplir con las condiciones usuales para las indulgencias que son: exclusión de todo afecto hacia el pecado, inclusive de los veniales; haber confesado sacramentalmente nuestros pecados algunos días (al menos 20 días) previos o posteriores a los actos de indulgencia; recibir la Santa Comunión; y rezar por las intenciones del Santo Padre.

Una confesión sacramental basta para ganar varias indulgencias, pero una sagrada Comunión y las oraciones por las intenciones del santo padre son requeridas por cada indulgencia a ganar.

Los “fieles limitados por enfermedad u otras razones legítimas y relevantes” pueden también recibir las indulgencias, siempre que cumplan los requisitos normales según les sea posible, y además “estén unidos espiritualmente con alguna de las celebraciones jubilares en honor a San Pablo, ofreciendo a Dios sus oraciones y su sufrimiento por la unidad de todos los Cristianos”.

De igual manera, los exhorto a estar pendientes del calendario de la Arquidiócesis en www.archsa.org, en Today’s Catholic, o en Catholic Television of San Antonio, donde serán anunciados otros eventos y oportunidades para celebrar este año jubilar.

Hagamos de este, un año especial de renovación. El año en el que realmente empecemos a vivir como San Pablo lo hizo — “por la fe en el hijo de Dios, quien me amó y se entrego a sí mismo por mí”. (Gal 2:20)




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