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In this Issue-November 7, 2008
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‘Has de ver cosas mayores’
    En las últimas ediciones de Today’s Catholic, he venido me-ditando en las enseñanzas del Papa Juan Pablo II durante su visita pastoral a San Antonio el 13 de septiembre de 1987. En esta última meditación, tocaré la reunión que tuvo Juan Pablo II con los seminaristas y religiosos en formación en la Catedral de San Fernando. Fue un discurso con elementos muy personales, en el cual el Santo Padre habló del llamado de Dios. Cada uno de nosotros ha sido llamado por Dios a la santidad, a servir a Cristo y su evangelio. Pero aquellos llamados al sacerdocio y a la vida consagrada escuchan un llamado mas profundo, especial.

    Juan Pablo II lo compara con el llamado escuchado por Moisés cuando se encontró con Dios que le habló en el Monte Horeb desde la zarza ardiente (Ex 3:1-6): “Ustedes han escuchado la voz de Dios llamándolos a aquella ‘tierra santa’ de una vocación especial en la Iglesia. Ustedes se han acercado a la presencia maravillosa del Señor y lo han escuchado llamarlos por su nombre”.

    Este llamado de Dios es el encuentro con Cristo — “la perla de gran valor”. (Mt 13:46) Y desde ese descubrimiento inicial empieza un proceso de diálogo con el Señor — “un diálogo que va más allá de las palabras y se expresa en amor”.

    Una vez más el Papa Juan Pablo II acude a las sagradas Escrituras para explicar este aspecto misterioso de la vocación religiosa y sacerdotal. Él recuerda cómo los discípulos descubrieron a Cristo, y cómo Jesus cuestionó a sus primeros seguidores para que tuvieran claro las motivaciones por las que querían seguir a Cristo. (Jn 1:38-39; 48)

    En esto el santo padre se mostró como un hábil director de almas. En su reflexión sobre los evangelios, él encuentra el sentido más profundo del discernimiento que se da en el corazón de aquellos que sienten el llamado de Dios. Una vez más, vemos como las observaciones del santo padre son fruto de su propia experiencia:
    “Lo que empieza como el descubrimiento de Jesús pasa a una mayor comprensión y compromiso, a través de un proceso de oración, de preguntas y de discernimiento. En este proceso nuestras motivaciones son purificadas. Nos encontramos cara a cara con preguntas específicas como: ‘¿qué buscas?’ Y hacemos a Jesús las mismas preguntas que Natanael hizo: ‘¿De qué me conoces?’ (Jn 1:48) Solo cuando hemos reflexionado con sinceridad y honestidad en el silencio de nuestro corazón es que podemos empezar a convencernos de que el Señor está realmente llamándonos.”
    Aquellos que han sido llamados al sacerdocio y a la vida religiosa entienden profundamente lo que el santo padre dice aquí.

    Ellos también conocen la experiencia que él describe — que nuestro conocimiento y amor a Cristo se profundiza en la oración, y en la medida que crecen nuestro compromiso sagrado y servicio a Él. En verdad, los sacerdotes y religiosos ven el cumplimiento de la promesa que Jesús hizo a Natanael: “Has de ver cosas mayores”. (Jn 1:50)

    ¡Qué alegría tan grande poder dedicarnos totalmente al reino! Juan Pablo II lo sabe bien. Y quiere que todos nosotros — clérigos, religiosos, laicos — lo sepamos también. Lo que se manifiesta con tanta fuerza en esta charla es que el servicio de los sacerdotes y religiosos es de importancia vital para Cristo y su iglesia. “Queridos hermanos y hermanas”, dice, “lo que ustedes hacen es importante, pero lo que ustedes son es todavía más importante — más importante para el mundo, más importante para la iglesia, más importante para Cristo”.

    La visita del santo padre 20 años atrás sigue siendo una inmensa bendición para San Antonio. Sigamos reflexionando sobre sus palabras y enseñanzas, mientras seguimos avanzando en nuestros esfuerzos por construir el reino de Dios aquí en la tierra como en el cielo.

    Atesoremos en nuestro corazón estas palabras de Juan Pablo II en la oración del Ángelus en San Antonio: “Como María, nosotros también hemos recibido el don de la gracia de Dios… Como María, nosotros también estamos llamados a responder, a abrirnos a la palabra de Dios, a ser generosos y decir sí a Dios. Para nosotros, eso quiere decir hacer la voluntad de Dios, vivir según sus mandamientos, servir a nuestros próximos, evitar el pecado. En otras palabras, como María, debemos responder con amor al amor de Dios”.

    Y sigamos rezando, como nos alentó el Papa Juan Pablo II, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Para que más hombres y mujeres escuchen el llamado de Dios. Para que como nuestra Madre María, ellos también puedan dedicar sus vidas a su servicio con corazones generosos y llenos de amor.



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