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El fútbol y la verdad
Cuando se trata de deportes, San Antonio es ciertamente tierra de los Spurs. Sin embargo, el fútbol también es muy popular entre los que acompañan los deportes en San Antonio y en todo Texas.
Como ustedes probablemente ya saben, a mí me encantan los deportes. Me gusta jugar, pero también soy un fan entusiasta.
Para mí los deportes son una fuente de salud mental y física, pero también humana y espiritual.
Ahora que el verano se va terminando, llega el otoño, que trae una nueva temporada de fútbol.
Una de las razones por las que disfruto el fútbol — un deporte difícil de comprender en su complejidad para quienes no están familiarizados con él — es porque encuentro que es una muy buena metáfora de la vida del católico.
Ciertamente no soy ni el único ni el primero en encontrar esta semejanza.
El inolvidable Vince Lombardi decía: “El fútbol es como la vida, requiere perseverancia, abnegación, trabajo duro, sacrificio, dedicación y respeto a la autoridad”.
En efecto, pocos deportes tienen un planeamiento y una preparación estratégica tan meticulosos y exigentes.
Además del entrenamiento físico, los jugadores deben tener una memoria excepcional para recordar las jugadas X y O, fintas y alternativas que tienen que poner en práctica con la simple mención de un número o un nombre.
En el terreno de juego, cada hombre cumple con su responsabilidad: nadie puede echarle la culpa a nadie por sus propios errores; y sin embargo, es un juego de equipo. Sin el equipo, el individuo simplemente no podría sobrevivir.
Algunas películas sobre fútbol han glamorizado a los individuos capaces de decidir un partido por sí solos, tomando sus propias decisiones y desobedeciendo al entrenador.
Pero en la vida real, los jugadores de fútbol saben muy bien que, si es que ganan, es porque han seguido las normas, y han permitido que sus talentos sean encaminados por los principios y reglas establecidas y diseñadas por los entrenadores.
Lou Holtz, el legendario entrenador de fútbol de la Universidad de Notre Dame decía, en efecto, que “los equipos ganadores son llevados por objetivos. Ganan constantemente porque todos los jugadores están concentrados en objetivos determinados”.
Allí es donde precisamente encuentro la íntima relación con la vida del católico. Los católicos sabemos que nuestra felicidad y salvación se juega en la “cancha” de la vida.
Pero ni las más grandes habilidades personales tendrán valor y nos obtendrán la victoria real — en esta vida o en la otra — si no seguimos los principios objetivos de nuestra fe, la Verdad revelada por Jesucristo, el verdadero “entrenador divino” de nuestra vida.
El creyente puede jugar su “propio partido subjetivo”, convirtiendo en norma lo que es una idea subjetiva personal o un sentimiento, pero la consecuencia puede comprometer el resultado final del partido y el jugador terminará no solamente haciéndose daño a sí mismo, sino a todo el “equipo” de la humanidad.
Los católicos vivimos en un contexto cada vez más relativista, que considera que la verdad objetiva es, por sí misma, un “insulto” a la pluralidad. En realidad no lo es.
La verdad objetiva es un hecho inevitable que todo ser humano tiene que enfrentar. Las cosas son como son: las leyes de la naturaleza, el bien y el mal, material o espiritual, la enfermedad y la salud.
Por otro lado, la realidad en sí misma nos demuestra que los deseos subjetivos no son más que deseos.
Nadie cree que la típica frase de Holywood “follow your heart” (sigue tu corazón) sirve de algo cuando uno está en medio de un congestionamiento.
La realidad es real, los deseos subjetivos son irreales. La vida espiritual, la vida cristiana no es distinta. Dios ha creado un plan porque nos conoce perfectamente y nos ama absolutamente.
La verdad objetiva es consecuencia de Su amor y del conocimiento de la naturaleza humana.
Dios no ha establecido leyes y principios por capricho personal, pero como un medio para ayudarnos a entregar lo mejor de nuestra humanidad y para ganar el juego de la vida.
La libertad no consiste en torcer la verdad para hacer lo que mis sentimientos subjetivos me dicen.
Consiste más bien en conocer la verdad objetiva de Dios y saber aplicarla en la “cancha”, con mis propias habilidades y virtudes, como hacen los buenos jugadores de fútbol.
Estoy seguro que vamos a disfrutar de la nueva temporada de fútbol. Nuestro equipo puede ganar o no, y habrá otra temporada.
Pero para asegurarnos que ganaremos el juego de la vida, pidamos con humildad a Dios Padre, a
través de su Hijo Jesucristo, que seamos capaces de conocer la Verdad, de amarla y de ponerla por obra en nuestra vida, para que podamos alcanzar el objetivo de nuestra vida, teniendo una temporada católica buena y exitosa por toda la vida.
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