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In this Issue - November 21, 2008
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La mejor preparación para recibir la Comunión

    Cuando el Papa Juan Pablo II celebró su 50 aniversario de sacerdocio en 1996, dijo que: “lo más importante y más hermoso para mí es el hecho de que soy sacerdote por más de 50 años, porque todos los días puedo celebrar la Santa Misa! La Eucaristía es el secreto de mi día. Me fortalece y llena de significado todas mis actividades de servicio a la Iglesia y a todo el mundo”.
    La Eucaristía, entonces, debe ser el secreto de nuestras vidas: la fuente y cumbre de nuestra vida personal.
    Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía, y nos está esperando para nutrirnos y para fortalecernos en la vida cotidiana.

    Mientras nos seguimos adentrando en esta Cuaresma, que según el Papa Benedicto XVI debe ser un tiempo “Eucarístico”, es oportuno recordar los medios que los Obispos católicos de los Estados Unidos recomendamos en el documento sobre la Eucaristía que publicamos en Noviembre pasado.
    Allí hemos señalado varias maneras por las cuales “cada individuo puede prepararse mejor para la Misa y puede entrar más profundamente en la celebración Eucarística, para que así reciba el Cuerpo y la Sangre de Cristo de manera más digna”.
    Explicábamos que hay dos maneras interrelacionadas a través de las cuales fomentamos una digna recepción de la Comunión: mediante la “preparación remota” y la “preparación inmediata”.

    La primera está relacionada a como vivimos nuestra vida cristiana todos los días, e incluye: el hábito de la oración y de la lectura de las Sagradas Escrituras, el cumplir con fidelidad y amor los deberes y responsabilidades de nuestro estado de vida, el arrepentimiento diario de nuestros pecados y la participación frecuente en el sacramento de la penitencia.

    “La confesión frecuente — escribíamos los obispos — es altamente recomendada como un auxilio para crecer en santidad”.
    La preparación inmediata se relaciona a como nos acercamos y participamos en la liturgia Eucarística.
    Los medios que sugerimos los Obispos son sencillos, pero tal vez por esa misma razón, no siempre son tenidos suficientemente en cuenta por los fieles.
    La preparación inmediata incluye ante todo, una actitud de recogimiento y oración antes de venir a la Misa, que incluye el esfuerzo por llegar a tiempo, para que así podamos preparar nuestras mentes y corazones para la liturgia.

    Otro medio importante es el ayuno Eucarístico, es decir, el abstenerse de comidas y bebidas (con la excepción de agua y medicinas) por lo menos una hora antes de recibir la sagrada Comunión.
    A ello se suma el vestido adecuado — vestirnos de una manera que refleje nuestra reverencia a Dios — y una participación activa.
    Al respeto, los obispos escribimos “porque la celebración de la Eucaristía es la fuente y cumbre de toda la vida cristiana, nada es más importante que participar en la Misa con todo nuestro corazón, nuestra mente y nuestro cuerpo”.

    Así, deberíamos escuchar atentamente a la proclamación de las lecturas y de la homilía con una mente activa; unirnos al sacerdote mientras reza la Plegaria Eucarística; rezar con todo el corazón el Padre Nuestro en unión espiritual con Jesús; compartir con sinceridad el signo de la paz; acercarnos al altar para recibir la sagrada Comunión con reverencia, amor y admiración como parte de la procesión Eucarística de los fieles.

    El regalo de Dios que se nos da en la Comunión debe ser seguido por un periodo de silencio y reflexión, cuando “expresamos nuestro amor y gratitud a Jesús por su misericordia y bondad, pidiéndole que nos llene con la vida y el amor del Espíritu Santo, para que podamos verdaderamente dar gloria al Padre con nuestras vidas”.
    Los obispos concluimos el documento señalando que “la práctica de estos actos sencillos nos ayudará a entrar más profundamente en la celebración Eucarística, a recibir la sagrada Comunión con mayor dignidad, y por lo tanto, obtener más plenamente la gracia de la comunión con el Señor Jesús resucitado y con los demás”.

    Pero hacemos también una importante advertencia para el bien de todos nuestros fieles: “que ninguno de nosotros jamás viole o abuse este sagrado misterio. Que siempre nos acerquemos a este sagrado misterio con la reverencia, admiración y amor debidos al Santo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, quien está entre nosotros y viene a habitar en nosotros, haciéndonos santos como Él mismo es santo”.
    Oremos intensamente en este tiempo especial de conversión, para que nuestra comunidad católica en San Antonio sea cada vez más una comunidad Eucarística, santificada constantemente y cada vez más por el don de la Comunión.
    Que el Señor nos bendiga.




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